Estrecho Bolvonegro

Moratalla

23/03/2019

ESTRECHO DEL BOLVONEGRO

El sendero discurre a través del ZEC (Zona de Especial Conservación) Sierras y Vega Alta del Segura y Ríos Alhárabe y Moratalla de la Red Natura 2000. Un rincón maravilloso del noroeste murciano, un valle desconocido y casi invisible, oculto por su propia naturaleza abrupta y recóndita, que te desvelará innumerables tesoros geológicos, arqueológicos y naturales.

El Estrecho de Bolvonegro, en el campo del patrimonio geológico, destaca por sus aspectos sedimentológicos, estratigráficos y geomorfológicos. Esta diversidad geológica ofrece unos usos científicos y didácticos que otorgan a este paraje natural un interés al menos regional. Además, es un lugar muy interesante, por sus contenidos arqueológicos, ecológicos y paisajísticos.

Dentro de su diversidad geológica, su componente geomorfológica es muy llamativa al ser un estrecho y sinuoso desfiladero de paredes verticales, entre las que se encajan los ríos Alhárabe y Benamor, y se unen para crear el río Moratalla. En su lecho son abundantes las pozas con agua, cascadas, pilancones, erosiones diferenciales, etc.

Son numerosos los icnofósiles , entre los que destacan la existencia de Zoophycus y especialmente Palaeodictyon, muy escasos en esta región, además, han sido localizados algunos restos de vertebrados. Durante el recorrido, también se pueden observar equinodermos (erizos de mar), algún nautiloideo y corales.

Pero el mayor interés geológico del estrecho de Bolvonegro, radica en sus aspectos sedimentológicos. Contiene numerosas y muy bien conservadas estructuras sedimentarias originadas por la acción del oleaje sobre las arenas que cubrían una plataforma marina a causa de las grandes tormentas y/o terremotos. La observación detallada de estos estratos permite apreciar estratificaciones cruzadas de bajo ángulo (Hummocky).

Esta zona, también tiene un gran interés por su biodiversidad, a modo de ejemplo, era uno de los pocos lugares de Murcia donde todavía se podían encontrar nutrias, años atrás, pero es frecuente poder ver aves acuáticas, anfibios y reptiles. Finalmente, a todo este patrimonio natural se le añade la existencia de un importante yacimiento arqueológico con asentamientos humanos desde el eneolítico hasta mediados del siglo IV a.C., el poblado ibérico de los Molinicos.

La historia de este paraje comienza hace unos 20 millones de años, cuando la zona formaba parte del Estrecho Norbético, brazo de mar que en aquella época comunicaba el Mediterráneo con el Atlántico. La colisión entre zonas Internas y Externas generaban frecuentemente terremotos que, junto con el oleaje causado por tormentas, provocaban la movilización y deslizamiento de los sedimentos (arenas y gravas) depositados

El oleaje generado por tormentas y movimientos sísmicos conllevaba el arrastre de sedimentos que al depositarse daban lugar a unas estructuras sedimentarias denominadas “Hummocky”. Mientras que la vibración a la que eran sometidos los sedimentos marinos por las ondas sísmicas, provocaba su fluidificación y hacía que los niveles más fangosos y margosos, fluidos y gases, migrasen hacia arriba, es lo que los geólogos llaman volcanes de fango o barro.

Posteriormente, hace unos 16 millones de años comenzó una transgresión marina, es decir, la zona se fue hundiendo , pasando a estar bajo un mar más profundo, donde sedimentaban margas entre las que se intercalaban capas de arenas procedentes de las zonas más someras aportadas por corrientes de turbidez. En estas arenas los organismos marinos excavaban diversos tipos de galerías que hoy podemos observar fosilizadas (icnofósiles).

Hace unos doce millones de años, la zona comenzó a emerger. Una regresión marina, una bajada del nivel del mar, dejó sus depósitos costeros en las rocas que hay más al norte, muy cerca de aquí en el cerro de Moratalla la Vieja.

Ya en el Cuaternario, o quizás antes, los cursos fluviales (ríos Alhárabe y Benamor), comenzaron a encajarse causando un importante proceso erosivo, a la vez que algunos movimientos de reajuste tectónico forjaron diversos sistemas de fracturas (diaclasas y fallas). Las fallas normales provocaron desniveles topográficos que conllevaron la existencia de cascadas y un importante proceso de erosión aguas arriba (erosión remontante), que todavía en la actualidad continua con el progresivo encajamiento del río Moratalla y la formación del desfiladero por el que discurre .

Unos 100 m antes de llegar al molino Traviesa, podremos observar depósitos de conglomerados con nunmulites que proceden de rocas que fueron desmanteladas de relieves situados más al norte, Somogil entre otros.

Desde allí cruzaremos el río sobre una pasarela de madera y por el camino que bordea la casa nos iremos hacia el poblado de Molinicos. La impresión es bastante grata al encontrar uno de los poblados ibéricos más importantes de la región de Murcia. El yacimiento, conocido desde finales de la década de los setenta, fue objeto de varias campañas de excavación dirigidas por el profesor Pedro Lillo Carpio de la Universidad de Murcia, gracias a las cuales se supo que contenía un poblado ibérico fortificado que fue muy importante en el siglo V y mediados del IV a.C.,

Proseguiremos aguas abajo del río Alhárabe por la izquierda del cauce, siguiendo los estratos de areniscas marinas, que aparentemente se encuentran horizontales. En la ladera del cerro de los Molinicos, se unen los dos ríos el Alhárabe y el Benamor, a partir de aquí nace un nuevo río, un nuevo nombre, el río Moratalla, que desemboca en el río Segura en Calasparra.  

Al principio se observa en el cauce del río como la disposición de los estratos en escalera origina algunas pequeñas gradas (sucesión de pequeños saltos de agua), mientras que aguas abajo empieza el río a encajarse y en sus márgenes aparecen diversas pozas más o menos elípticas generadas por procesos de erosión y disolución de los materiales carbonatados, son las marmitas de gigante, también llamadas pilancones o pilones. Es curioso observar el bonito aspecto amorcillado de las rocas debido a procesos de erosión y meteorización a favor de los sistemas de diaclasas ortogonales, que recuerdan a una red. En estos remansos de agua con suerte podremos ver galápagos leprosos.

Durante el trayecto, es común encontrar grandes bloques caídos y algunos a punto de hacerlo. El descalce de las rocas más blandas, y las fracturas generan este tipo de desprendimientos, que paulatinamente van erosionando y ensanchando el cauce.   

El paseo revela que el río comienza a encajarse progresivamente cada vez más, hasta dar un estrecho desfiladero de paredes verticales que nos obliga a ascender en altura. Es en este momento cuando se recomienda no continuar por el lecho, si no se está acostumbrado a transitar por caminos difíciles en el campo, si se tiene vértigo, o si se va acompañado de niños, ya que la senda se estrecha y discurre por precipicios y una caída sería mortal. Se recomienda, por tanto, tomar una senda más alta, que se aparta del desfiladero y que nos lleva hasta un rellano de margas.

Una vez que hemos llegado al rellano margoso, se puede bajar sin dificultad de nuevo hasta el cauce, donde hay una parte plana y donde el desfiladero es más espectacular. Aquí el agua se precipita por un fino y profundo cañón, muy bello a la vez que sobrecogedor. En épocas con poco agua se puede cruzar al margen derecho, aunque un resbalón puede resultar muy peligroso, no en vano en este lugar ya ha habido algunas caídas con el resultado de muerte.

Si se cruza, el recorrido se termina en un escarpe de más de 10 m donde se conservan las ruinas de un antiguo molino que aprovechaba este desnivel.

http://www.regmurcia.com/servlet/s.Sl?sit=c,365,m,108&r=ReP-27610-DETALLE_REPORTAJESPADRE

Textos: Antonio del Ramo y Francisco Guillén (resumidos para esta presentación)

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